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[EDITORIAL TEXTUAL]: «Manifiesto para una generación que todavía cree»

«MANIFIESTO PARA UNA GENERARACIÓN QUE TODAVÍA CREE»

Por JORGE MEDINA. Ex fiscal de cámara de la Justicia Provincial

=Lunes 23 / Marzo 2026=

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No nacimos para aceptar el cansancio del mundo

como si fuera destino.

Nacimos en una tierra que aprendió,

a lo largo de su historia,

que la dignidad puede organizarse.

En esta Argentina de hoy —compleja, discutida, a veces incierta—

la política vuelve a plantear una pregunta antigua:

si la comunidad es apenas una suma de individuos

o si todavía somos capaces

de reconocernos como un pueblo.

Quienes venimos de una tradición humanista

sabemos que la libertad no florece en soledad,

que la igualdad no nace del azar

y que la fraternidad no es un gesto ingenuo:

es una decisión colectiva.

Hace décadas, en este mismo país,

un movimiento popular afirmó algo simple

y al mismo tiempo revolucionario:

que la justicia social no es una consigna

sino una forma concreta de organizar la vida común.

Ese legado —que muchos llaman peronismo—

no pertenece a un museo ni a una nostalgia.

Es, en esencia, una idea viva:

que la economía debe servir a las personas,

que el trabajo dignifica,

y que el Estado existe para equilibrar lo que el mercado no corrige.

Los jóvenes lo saben bien.

Hoy viven en un mundo atravesado por tecnologías,

por discursos extremos

y por una velocidad que muchas veces deja atrás a los más débiles.

Por eso la política vuelve a ser necesaria.

No como espectáculo ni como guerra permanente,

sino como inteligencia colectiva.

Ser militante en este tiempo

no significa repetir consignas del pasado.

Significa pensar con autonomía,

defender derechos conquistados

y animarse a imaginar otros nuevos.

Significa comprender que la libertad verdadera

no es la del más fuerte,

sino la de una comunidad que garantiza oportunidades.

Que la igualdad no es uniformidad,

sino la convicción de que nadie debe quedar condenado

por el lugar donde nació.

Y que la fraternidad —esa palabra tan antigua—

sigue siendo el nombre más profundo

de la justicia social.

Argentina necesita de esa energía.

No la energía del resentimiento,

sino la del coraje cívico.

Necesita jóvenes que discutan con argumentos,

que cuestionen con inteligencia,

que construyan con paciencia.

Porque las transformaciones duraderas

no nacen del grito ni del odio:

nacen de las ideas,

del trabajo

y de la perseverancia.

Cada generación recibe una tarea.

La nuestra es defender la democracia,

actualizar el ideal de justicia social

y sostener un país donde el progreso

no sea privilegio de pocos.

No es una tarea menor.

Tampoco es imposible.

Otros antes que nosotros —con menos recursos,

pero con la misma esperanza—

supieron abrir caminos.

Ahora nos toca a nosotros.

Que nadie les diga a los jóvenes

que los ideales están fuera de época.

Los pueblos avanzan cuando alguien

decide creer en ellos.

Y todavía hay mucho por hacer

en esta tierra que llamamos Argentina.

Soy consciente de los yerros cometidos, aborrezco la corrupcion de los aprovechados. Que reciban su justa condena cuando la misma sea fruto de una justicia digna.

Pero que nadie ni nada nos aparte de nuestras convicciones que hoy se ven avasalladas por un poder corrupto que lastima nuestros legítimos derechos so pretexto que los de antes fueron corruptos. Todos sabemos que no fue así.

Que habemos gente honesta trabajando por el bien común sin exigir nada a cambio.

Nosotros damos fe de que es así, sin políticas decadentes.

Solo ética y estética.

Eso somos.

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